viernes, 4 de abril de 2014

RELATO INTRODUCTORIO PARA AGE OF DARKNESS

Hoy colgamos un relato que irá al principio del libro de rol que será el juego Age of Darkness. Ha quedado un poco darky pero es que el apocaliptico futuro de Age of Darkness es un poco darky...

Veamos las aventuras de Carl Winters y su equipo de Saqueadores en las ruinas del pasado...


Winters se deslizaba sigiloso como un gato por las ruinas del que fuera el campo de fútbol del Campus de la Universidad. Los rayos de sol se reflejaban en los restos de la cubierta de los banquillos y hacían que se tuviera que cubrir los ojos con la visera de su vieja gorra de los Raiders. Sus compañeros avanzaban flanqueándolo, todos armados y listos para lo que pudiera pasar. Él sabía que a menos que hubiera otro grupo de Saqueadores (¿¿quizá los canallas de Willy de Manhattan??), no correrían peligro hasta que entrasen en los viejos y extrañamente incólumes edificios. La vista de esos edificios en plenas condiciones y con los cristales intactos, pero muertos por dentro y testigos mudos del fin de la humanidad, siempre le daba escalofríos. Los coches volcados, los restos calcinados de autobuses, los muertos por el suelo… eso ya no le daba escalofríos.



John y Cindy avanzaban por su derecha, cargando entre los dos la gran ametralladora que habían conseguido en la vieja furgoneta de los Colmillos de Arena. Una buena adquisición, pensó para sus adentros esbozando una ligera sonrisa. La sonrisa le duró apenas una fracción de segundo, lo suficiente para darse cuenta con amargura que ya solo sonreía por temas relacionados con armas, y cuanto más grandes, mas sonreía…

Por su izquierda avanzaban Tommy y el viejo chalado recién llegado a Nueva Tonopah. No le hizo mucha gracia que el Consejo lo metiese en su grupo, pero como solía decir su padre, donde manda Capitán no manda marinero. Aunque ese marinero tuviese un impecable historial de saqueos con un impresionante cero como número de bajas sufridas por su equipo. Tommy, como de costumbre, no llevaba armas de fuego y solo llevaba consigo sus machetes… maldito chalado, pensó Winters. El viejo, en cambio, cargaba una pesada escopeta y aferraba casi con más fuerza todavía el gastado tótem que le servía de amuleto; sus dedos se cerraban alrededor de una figurita, Luke Starwalker, o algo así había dicho Tommy… alguna reliquia del despreocupado pasado.

Tras avanzar por el campo de futbol, llegaron a unas escaleras de piedra que ascendían a otro nivel del Campus. Las escaleras estaban adornadas con los cadáveres de otros saqueadores y viejos esqueletos de la época de la Guerra. Los saqueadores muertos parecían llevar en esas escaleras durante varios meses y se apreciaba como todos ellos habían recibido un disparo en la frente o en la nuca, el precio por ser mordido por un Infectado. Se acordó de Lucy en ese momento y se preguntó si alguna vez volvería a llorar su pérdida, o el hecho de tener que haberla partido por la mitad con su coche había secado sus lágrimas para siempre. Viejas miserias que era mejor no recordar, como siempre decía Winters, la amnesia voluntaria es la medicina del año 2060.

Tras atravesar un viejo patio vieron unas escaleras metálicas que serpenteaban a lo largo de la fachada del edificio de Química, justo donde el viejo chalado del muñeco de espada brillante había dicho que estaría. A una señal suya, y sin intercambiar más que una mirada y un pequeño gesto con la muñeca, Tommy y él comenzaron la ascensión mientras el resto del grupo esperaba abajo. La escalera se conservaba perfectamente aunque quizá estaba un poco oxidada. Oyéndola crujir bajo sus pies, escalofríos de todos los tipos lo recorrieron desde los dedos de los pies hasta la coronilla. Que no nos oigan por favor, por favor… se repetía Winters sin cesar con un nudo en el estómago. Cuando alcanzaron el tercer piso Winters vio que la ventana que daba a la escalera donde se encontraban era accesible incluso cargando la ametralladora.

-      - Tom, aquí. – fue todo lo que Winters dijo. Tommy era ya un veterano saqueador y sabía obedecer órdenes. Se puso de rodillas junto a la ventana, sacó su pequeña navaja con el escudo de los marines y se puso a hurgar en el cierre.

10 minutos después la ventana estaba abierta y todo el grupo en completo silencio había conseguido entrar a la habitación. La luz que entraba en el viejo laboratorio en el que se encontraban hacía que no temieran la presencia de Infectados y con cuidado comenzaron a revisar los restos que había sobre las mesas: matraces, tubos de ensayo, algún mechero Bunsen, carpetas, hojas y cuadernos de apuntes… El grupo hizo lo que venía haciendo los últimos 5 años y con mimo fueron guardando en sus mochilas todo lo que podría ser útil.

-       Dejar sitio para lo importante chicos, necesitamos sobre todo los productos químicos. JØrgenssen habló de botes, grandes botes con fósforo, yodo y demás… concentraros en eso.

El grupo revisó concienzudamente el laboratorio durante unos 20 minutos pero quedó claro que ahí no encontrarían los botes de productos que buscaban para el médico noruego de Nueva Tonopah. Parecía que tendrían que abrir la puerta que daba al pasillo y revisar un poco más allá, con todo lo que eso implicaba. Abrieron la puerta con cuidado y tras ver que no había peligro salieron en completo silencio a un pasillo lleno de escombros y restos de lo que parecía una huida de estudiantes en pánico, muertos hacía mucho tiempo. A lo lejos se oían gritos estridentes y voces guturales inconfundibles, los Infectados campaban por el interior del edificio, al parecer despiertos…

Jonh y Cindy plantaron la vieja ametralladora sobre unas taquillas que habían caído al suelo y prepararon la munición. La taquilla de metal verde piscina, descansaba sobre el esqueleto de un estudiante, quizá un profesor, que seguramente había muerto bajo el peso del enorme mueble de metal. Un chasquido metálico hizo que Winters se diera cuenta de que la ametralladora ya estaba lista y que ya apuntaba al fondo del pasillo, John a los mandos y Cindy apoyándole con su rifle de caza. Su billete de salida estaba listo así que avanzó con Tommy y el viejo chalado por el pasillo, buscando algún almacén o laboratorio que tuviese los frascos que andaban buscando. Todo estaba bastante oscuro pero preferían mantenerlo así, a oscuras, antes que algún infectado viese la luz y esto lo atrajese hasta el grupo. Llegaron hasta el fondo del pasillo, momento en el que este giraba 90 grados y se sumergía en el ala oeste del edificio universitario. Winters hizo una seña a John y Cindy para que mantuvieran la posición y luego siguió avanzando junto a Tommy y el viejo.

El pasillo seguía a oscuras aunque aquí y allá se veían pequeños rayos de luz que bañaban el pasillo. El suelo estaba lleno de polvo, señal inequívoca de que hacía mucho tiempo que nadie recorría esos pasillos. Poco después llegaron a una puerta enrejada que lucía un cartel donde ponía “Almacén”. Sin mediar palabra, Tommy sacó su navaja verde oliva y se puso a trastear con el viejo y aparentemente recio candado. Mientras Tommy trabajaba, Winters observaba la parte del pasillo por el que habían venido y el viejo la parte que quedaba más adelante.

-          - Mierda… - oyó Winters que decía el viejo a su espalda.

Esa simple palabra, dicha en el tono que el viejo la dijo, hizo que Winters maldijera su mala suerte… Se dio la vuelta como un rayo y ahí pudo ver como en el pasillo, a unos 30 metros de donde se encontraban, una puerta se abría y dos figuras tambaleantes salían de una habitación. El sonido de sus narices al husmear el aire era asqueroso y cuando captaron el olor de los tres Saqueadores, comenzaron a avanzar hacia ellos gruñendo y salivando. Uno de ellos parecía llevar bata blanca, algún desgraciado profesor reducido a una masa babeante y escuálida, sedienta de sangre y hambrienta carne humana. El otro lucía un casco con las siglas PM y los restos de un uniforme de camuflaje, aunque ahora mismo no habría bosque en el que camuflarse debido a las manchas de sangre. Para haber estado durante mucho tiempo durmiendo “El Sueño del Muerto”, los dos infectados se movían con rapidez y Winters vio que no tenían más que unos pocos segundos antes de que se les echaran encima. Antes de poder hacer nada, el viejo chalado descargó su escopeta contra el Infectado de la bata. Una de sus piernas voló por los aires, y el Infectado cayó al suelo con un chapoteo en el pestilente líquido negro que salía a borbotones de la herida.

-      - ¡Ya casi lo tengo! – dijo Tommy apretando los dientes. – ¡Ábrete maldita! ¡ABRETE!

Winters, viendo que el viejo soldado avanzaba hacía ellos, quitó el seguro de su M-16 y descargó una ráfaga a la cabeza del Infectado. Esta explotó como un melón, salpicando el pasillo y a ellos mismos con los restos del cerebro verde tan característico de los Infectados. En ese momento Tommy consiguió abrir la verja y los 3 pasaron al interior de un salto. La entornaron tras de sí aunque ahora no tenían forma de cerrarla, el candado había sido inutilizado por Tommy. El cadáver del viejo profesor se arrastraba por el suelo, metiendo los dedos entre la verja y haciendo inútiles aspavientos por llegar hasta ellos. Winters puso una máquina de agua delante de la verja y eso pareció hacer que se mantuviera cerrada.

-      - No tardarán en aparecer más, démonos prisa. – dijo Winters mientras los otros dos ya rebuscaban entre las estanterías.

Pronto tenían cada uno varios botes de todo tipo de sustancias, suficiente para mantener a su médico abastecido durante varios meses. El problema iba a ser salir de allí. Alrededor de la verja se había aglomerado un grupo de infectados, y parecía que cada vez estaban más y más furiosos. Uno de ellos, de hinchados músculos había hecho un agujero en la verja con los dientes y trataba de pasar su cuerpo por un agujero de apenas 30 centímetros. Le habían tenido que disparar a la cabeza y eso había atraído más Infectados, además de haber enfurecido a los que ya les rodeaban. La verja no aguantaría mucho más…

-      - Al falso techo, - dijo Winters, - usar las estanterías para subir al falso techo, retiraremos una plancha de poliestireno y subiremos al espacio que ocupa el sistema de aire acondicionado.

Los tres saqueadores tardaron menos de 5 minutos en ascender al falso techo. A medida que retrocedían sobre sus pasos, solo que a 3 metros sobre el suelo, oían como los infectados les seguían por el pasillo, aunque no pudiesen verlos, guiándose por sus afilados sentidos. Winters esperaba llegar hasta la esquina que habían hecho antes, donde John vería a la masa de Infectados y los reduciría a pulpa sanguinolenta gracias a su nueva ametralladora.

Todo se volvió nebuloso cuando el falso techo sobre el que se encontraban cedió bajó su peso y cayeron los 3 metros que les separaban del suelo. No llevaban recorridos ni 10 metros. Se llevaron un buen golpe pero era peor la sensación de tener a sus espaldas a un grupo de unos 15 infectados corriendo hacía ellos. Winters miró por encima del hombro mientras se levantaba y vio una de esas escenas dantescas a las que no se acostumbraba: cadáveres andantes, con partes de su cuerpo inexistentes y otras hinchadas en formas repulsivas… había de todo, antiguos soldados, estudiantes, profesores de blancas batas, un grupo de animadoras… Todos con esas sucias y gigantescas bocas, como de pirañas antropomorfas, deseosas de hincarles el diente. Winter se levantó de un salto seguido de Tommy, corrieron como locos en dirección a la esquina. Cuando la alcanzaron vieron que el viejo chalado que les había llevado hasta allí no estaba con ellos. Miraron hacia atrás y vieron al viejo en el suelo, al parecer se había roto la pierna y no había podido levantarse. Descargó dos tiros desesperados de su escopeta hasta que un Infectado con uniforme de la Universidad le arrancó el arma de las manos y luego el resto de Infectados se lanzó sobre él para devorarlo.

No tuvieron mucho tiempo para lamentarse por él, ya que instantes después, parte del grupo de Devoradores se separó del viejo y corrió hacia ellos dos. Winters y Tommy reanudaron la carrera y doblaron la esquina esperando ver a John y Cindy… No fue así. 

Al girar la esquina y volver al primer pasillo donde habían estado vieron como un grupo de Infectados se deleitaba con los restos de sus dos compañeros. Debían de haberles emboscado. Winters sintió como la lata de carne estofada que había desayunado trepaba por su garganta, con ansias de volar libre hasta el suelo. Reprimió el gesto y descargó su rifle de asalto mientras corría hacia la puerta del laboratorio que tenía la ventana que daba a las escaleras. Tommy le seguía de cerca, un machete en cada mano. Los Infectados que no cayeron bajo sus disparos lo hicieron bajo los acertados machetazos de Tommy. Consiguieron entrar en el laboratorio y atrancar la puerta apoyándose en ella. Los golpes en la misma eran constantes y muy violentos. Se oía a los Devoradores rascar la puerta y la pared contigua, como intentando cavar un camino hasta ellos. Winters se dio cuenta de que los dos no alcanzarían la ventana ya que no tenían nada con que cerrarla el tiempo suficiente para que ambos recorriesen los 20 metros que les separaban de la escalera que daba al patio. Tras meditarlo un instante que le pareció una eternidad, Winters dijo:

-        -  Tommy, yo los aguantaré. Coge mi mochila y corre hasta las escaleras, lleva estos malditos frascos a Nueva Tonopah.

            -  Pero Carl… no podrás con ellos, tú…

-          - No protestes Tommy, lo importante es lo importante. Haré lo que pueda… ha sido un placer conocerte…

-          - Winters… yo podría… quizá…

-     BUM! BUM! – la puerta restallaba y se retorcía bajo la presión.

-         -  ¡Tom! ¡Lárgate ahora mismo!

Carl Winters vio como Tommy agarraba su mochila por el asa y con lágrimas en los ojos corría hasta la ventana, se giraba un último instante para dedicarle una mirada llena de tristeza y luego descendía las escaleras a todo correr, desapareciendo de su vida…

Winters sintió una punzada de dolor en el cuello, una parte de la puerta estaba cediendo y una astilla se le había clavado cerca de la oreja. La presión que hacían los infectados era inmensa y vio que no resistiría mucho más… Aguantando como pudo, estiro la mano hasta su cinturón, donde descansaba su revólver. Lo desenfundó, amartilló y lo colocó en su boca. Antes de apretar el gatillo un nombre salió de sus labios quemados por el sol:

-    - Lucy… - dijo, con voz entrecortada pero sin una lágrima… no quedaban lágrimas en su cansado y castigado cuerpo… ese maldito mundo había conseguido secarlas…

BANG!

2 comentarios:

  1. Excelente relato, no se yo si voy a atreverme a jugar al Age of Darkness ...

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  2. Igual me he pasado de oscuro... Lo pensé.... Igual para la edición definitiva reviso el final y lo hago un pelin más esperanzador.

    Lo que me gusta es que servirá para introducir El Valle de la Muerte, el escenario básico: se mencionan algunos pnjs, un par de asentamientos...

    Gracias Luis!!

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